MI HISTORIA
Nací y crecí en una familia amorosa, rodeada de amistades, naturaleza y espacios de paz. Mi infancia y adolescencia estuvieron marcadas por el vínculo, la fe y el sentido de comunidad.
A los 16 años recibí un diagnóstico que marcaría un antes y un después en mi vida: retinosis pigmentaria, una condición visual progresiva. Desde ese momento, muchas decisiones comenzaron a filtrarse por el miedo y la incertidumbre que ese diagnóstico traía consigo. Aun así, elegí seguir adelante sin pedir ayuda profesional en el plano emocional. Continué mi vida “como si nada”, sin saber que aquello que no se acompaña, tarde o temprano, pide ser mirado.
🌱 Amor, fe y quiebre (2004–2015)
A los 18 años tomé una de las decisiones más profundas de mi vida: compartir el amor que Dios había sembrado en mí. En ese camino, y en medio de un tratamiento médico alternativo, me reencontré con quien sería el padre de mis cuatro hijos. Nuestra historia familiar estuvo atravesada por desafíos profundos. El amor y la paz no lograron sostenerse, y tras años de intentos, estudio y esfuerzo —incluida mi formación como profesora en educación formal, recibida con honores— tomé una decisión difícil pero necesaria: alejarme de ese vínculo. Ese quiebre tuvo un costo alto. Quedé separada durante años de mis dos hijos mayores, una herida que marcaría profundamente mi identidad.
🌿 Caída, fe y reconstrucción (2015–2018)
Ese período dio lugar a una depresión profunda, pero también a un aprendizaje esencial. Me integré a una comunidad de fe que me sostuvo cuando ya no podía sostenerme sola. La oración, mi vínculo con Dios, la naturaleza y la reconexión con mi propósito me dieron la fuerza para volver a moverme. Así llegué a Mendoza, con más preguntas que respuestas, pero con el corazón dispuesto a sanar.
🔥 Transformación y propósito (2018–2021)
En Mendoza formé parte de una comunidad misionera donde me formé en desarrollo comunitario. En ese tiempo comprendí que mi historia no era un error, sino un camino de sentido. Durante la pandemia, algo terminó de ordenarse dentro de mí. Las herramientas que me habían ayudado a sanar comenzaron a tomar forma profesional. El 3 de octubre de 2020 abrí las puertas de Microcosmos, y con ello empezó a revelarse mi Ikigai: acompañar procesos de transformación desde una mirada integral y natural. Sesiones 1 a 1, talleres, cursos, productos naturales (infusiones, te cosmética natural y aceites esenciales) y una familia dispuesta a desafiar horizontes marcaron ese tiempo.
🌊 Expansión y nuevos desafíos (2021–2025)
En el norte neuquino comprendí que el acompañamiento individual no era el único camino. Había algo más grande queriendo nacer. Así comenzó a gestarse Microcósmica, como una expansión natural del trabajo realizado, con una visión más amplia y comunitaria. En 2025, terminé de recuperar el vínculo con mis dos hijos mayores después de más de una década. Al mismo tiempo, un golpe duro me sacudió y junto a una serie de golpes inesperados detuvieron proyectos materiales y profesionales. Ese aparente freno dio paso a algo nuevo: la escritura. De ese proceso nació mi primer libro, Cambios Microcósmicos, fruto de años de reflexión, dolor, fe y conciencia. La escritura se convirtió en un espacio de reordenamiento profundo de mi identidad.
🤍 Hoy
Hoy elijo acompañarte desde la experiencia vivida, la coherencia interna y el conocimiento integrado. No solo desde la teoría, sino desde un camino transitado. Porque sé que sanar es posible. Porque sé que no tenés que hacerlo sola/o. Y porque en compañía, el proceso siempre es más humano y más verdadero. Si yo pude, vos también podés. Y hacerlo en compañia es mucho más poderoso.